Siempre recuerdo cuando aterrizo el avión con ese paisaje desolador, directo a mi futura casa donde no existía agua, ni luz, sólo rondando unos cóndores, a lo lejos unas ovejas, mucho viento, sin caminos, sin negocios, aprendiendo a sobrevivir con lo justo y necesario, con el cariño de la familia y con tanto que hacer como la crianza misma, cada año fuimos superando obstáculos, cada año fuimos ganando fuerza, dejando huellas, ganando amigos, me voy contenta, muy feliz, gané mi casa, mi profesión, salud y la amistad de gente maravillosa gracias Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo, gracias por darme está paz y la estabilidad para poder emprender los sueños!!!...
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